Seguridad humana y salud en América Latina: ¿derrotero de fracasos y espacios vacíos?
noviembre 4, 2020
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El pulso global: el sistema internacional en clave de Pink Floyd

Por Rodrigo Alonso Solsona y Magdalena Bas Vilizzio[i]

Imágenes, rock y Relaciones Internacionales

Vivimos en un mundo de imágenes. Aunque no es un fenómeno nuevo, el siglo XXI, con el uso de las redes sociales y la publicidad en línea, nos ha expuesto a un bombardeo de imágenes sin precedentes. Ahora bien, cuando hablamos de imágenes, hablamos de ideas y de una suerte de apropiación del mundo, como afirma Susan Sontag respecto a la fotografía (2006, 15-16). Por consiguiente, se vuelve necesario tener presente la existencia de un espacio entre el objeto representado y su representación. Aun en la fotografía o el cine documental, géneros presumiblemente más objetivos, las imágenes siempre pueden manipularse y necesariamente requieren interpretación de quien las observa. Las imágenes generan en el observador un fuerte impacto emocional, incluso transmitiendo el pulso de los eventos nacionales o internacionales (Bleiker, 2018: 10).

Las imágenes no reemplazan a las palabras, las complementan, dialogan con ellas, generan una compleja imbricación junto a otras expresiones artísticas de un momento histórico determinado. Sin embargo, estas cruzan fronteras geográficas y temporales, y se relacionan con el poder dominante o su contestación. Especialmente el rock, como estilo musical, ha transitado por caminos de crítica política y al modelo económico que lo vio nacer, lo popularizó e internacionalizó (García Lupiola, 2020). Si sumamos música, imágenes y crítica al orden neoliberal, es imposible no pensar en la banda británica Pink Floyd. Es en este marco que el presente artículo tiene como objetivo analizar las tres crisis del sistema internacional en clave de Pink Floyd: la crisis de la globalización, la crisis de la pandemia de covid-19 y la crisis del multilateralismo.

Crisis de la globalización: de “Animals” a los cambios en el modelo de producción

“Animals” (1977) es un álbum compuesto solamente por cinco piezas musicales, pero de extensa duración (siendo “Dogs” la canción más larga, con 17 minutos). Este álbum representó, en su momento, un punto de inflexión en la carrera musical de Pink Floyd. Las letras de Roger Waters comenzaron a tomar más fuerza en la banda, pues este álbum fue el predecesor del famosísimo “The Wall” (1979).

La portada de “Animals” fue diseñada por el colectivo gráfico Hipgnosis, bajo la dirección de Storm Thorgerson y Aubrey Powell. La fotografía de la portada, con la central termoeléctrica de Battersea (Londres) junto a un cerdo volador, es solo un botón de la muestra del carácter del disco. La central termoeléctrica refleja uno de los ejes del capitalismo, un sistema en que, según Waters, hay opresores que trabajan en sintonía (cerdos y perros) y sometidos (ovejas). La alienación, la vida sombría y una aparente deshumanización conforman el escenario cotidiano, el que cambiará “cuando los cerdos vuelen” como reza el dicho británico.

Según señala Brice Eczell, columnista del sitio web de análisis musicales Consequence of Sound, la canción con la que comienza el álbum, “Pigs on the Wind N° 1”, refiere a sentimientos como la apatía, el dolor y el aburrimiento, generadas por el día a día de un trabajador en el sistema. Esta canción representa una realidad bastante hostil, prepara a quien escucha para lo que sigue. A partir de esta canción, Waters presenta a los personajes de la obra: los cerdos (en sus palabras: “despóticos y moralistas”), los perros (“auténticos depredadores”) y las ovejas (“los sometidos del sistema”). Los seres humanos clasificados en categorías son una evidente referencia a “Animal’s Farm”(1945) de George Orwell, aunque el objeto de la crítica difiera sustancialmente: Orwell criticaba al stalinismo, Waters al modelo capitalista.

Poniendo el foco en el sistema internacional, el escenario de globalización económica se caracteriza por la “retirada del Estado” en términos de Susan Strange (2001) y de la dispersión del poder hacia actores no estatales, propiciando dinámicas de dependencia, desigualdad, dominación y exclusión (del Arenal, 2009). Sin embargo, el modelo comienza a presentar quiebres, el más significativo en 2008 con la ruptura de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y su expansión al sistema financiero internacional.

La globalización no desaparece en 2008, sino que se da inicio a una etapa de transición o crisis. Esta idea es retomada con más énfasis por The Economist en su edición del 28 de enero de 2017. En su artículo central, “The retreat of the global company”, sostiene que la era de las empresas transnacionales tal como las conocíamos a lo largo de las últimas décadas está terminando. Elementos de estructura y agencia se retroalimentan en la transición o crisis actual: cambios en las cadenas globales de valor y los patrones de comercio que tienden a la regionalización dentro de los primeros, proteccionismo y crisis del orden internacional liberal dentro de los segundos. Si puede trazarse un paralelismo entre el título del artículo y el libro de Strange, también puede hacerse entre la ilustración de las industrias en retirada de la portada de la revista y la del disco “Animals”.

La crisis de la pandemia de covid-19 y el multilateralismo desde el lado oscuro de la luna

El disco ”The dark side of the moon” fue lanzado en 1973, año en que el patrón oro se desmoronaba, tenía lugar la famosa crisis del petróleo, e Inglaterra sobrellevaba una importante crisis económica y social. Este álbum sumamente experimental y conceptual, puso sobre la mesa las distintas temáticas de la vida cotidiana de las personas y obtuvo el record histórico de ser el álbum con mayor permanencia en las charts. El título hace referencia a la mente de las personas: a pesar de que todos podemos mostrar un lado luminoso, todos tenemos un lado oscuro, afectado por las diversas preocupaciones del mundo moderno.

El álbum comienza con el sonido del latido del corazón humano y con unas personas que conversan sobre la salud mental (“Speak to Me”). Se llega a un crescendo con los gritos de una mujer para adentrarse en la canción “Breathe”, que hace énfasis en la necesidad de vivir la vida, disfrutar los buenos momentos y estar pronto para los malos. Otros temas como el  transcurso del tiempo y la mortalidad se debaten en la cara “A” del disco, mientras que la cara “B” se dedica a temas que preocupan a la sociedad del momento: el dinero, los conflictos interpersonales y la polarización social (“Us and Them”), la “ilusión” de elegir con que Waters caracteriza al sistema capitalista (“Any colour you like”), y “Eclipse” como reflexión final sobre la vida.

En tiempos de pandemia de covid-19, casi cuatro décadas después de su lanzamiento, “The dark side of the moon” sigue vigente. La extensión del virus a nivel global y su impacto social ha traído a nuestras vidas cuestiones vinculadas a la estabilidad mental, al cuestionamiento de la vida humana y sus ritmos en pleno siglo XXI, así como el análisis de los procesos productivos, del sistema mundial y de la cooperación internacional. El virus nos aísla, tanto si estamos contagiados o no. La percepción del tiempo (“Time”) se ve afectada por las horas de aislamiento preventivo u obligatorio.

Los ritmos e impulsos de la vida moderna (“On the Run” y “Money”) comienzan a cuestionarse, al tiempo que se genera una nueva conciencia sobre la necesidad de atender la salud, prevenir la expansión de enfermedades y adaptar las modalidades de trabajo a una nueva realidad (teletrabajo). Como señala el artículo central de The Economist del 27 junio de 2020, la crisis del covid-19 deja de manifiesto la necesidad de que los Gobiernos estén preparados para la próxima catástrofe, más aún cuando la ciencia prevé nuevas pandemias o severas crisis climáticas.

A nivel internacional, la crisis del covid-19 puede ser analizada como una crisis dentro de la crisis de la globalización, que la retroalimenta y profundiza conflictos preexistentes (Sanahuja, 2020). Siguiendo a Ulrich Beck, Sanahuja señala que, ante la emergencia de una crisis sanitaria mundial, el nacionalismo epidemiológico no es útil, sino que es necesario un cosmopolitismo epidemiológico, en otras palabras, es imprescindible la cooperación trasnacional. Sin embargo, el sistema internacional atraviesa una tercera crisis: la crisis del multilateralismo.

El desacuerdo de la Administración Trump con el accionar de la Organización Mundial de la Salud, que determina la suspensión del pago de los aportes y culmina con el retiro de la organización, es solo una muestra de una crisis de legitimidad del multilateralismo tanto en términos jurídicos como sociológicos. En otras áreas, la crisis del multilateralismo se expresa en la falta de consenso en la Organización Mundial del Comercio respecto a la designación de los miembros del Órgano de Apelación (y la consecuente firma de un Acuerdo de Arbitraje de Apelación Interino Multipartito), o en la advertencia que ya en 2003 hacia la UNCTAD sobre los efectos que el régimen de solución de controversias inversor-Estado puede tener sobre la soberanía estatal (condicionamiento del espacio de política pública). Este último punto, agravado por la pandemia de covid-19 frente al riesgo de un aumento en el número de demandas, conforme al Informe de mayo de 2020.

En suma, el sistema internacional atraviesa un punto de inflexión, sea en términos de fin de ciclo o cambio de etapa histórica. En clave de la portada de “The dark side of the moon”, estamos ante el momento en que el haz de luz atraviesa el prisma y refracta sus colores. Ahora bien, este resultado implica que los actores internacionales reconozcan que los caminos de salida de las crisis necesariamente requieren de una acción conjunta que conjugue soluciones que vayan más allá de los factores políticos y económicos, incorporando una mirada amplia hacia los impactos sociales, jurídicos, sanitarios, ambientales, de género, digitales, o migratorios, entre otros.


[i] Rodrigo Alonso Solsona es Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad de la República. Actualmente cursa el Posgrado en Estudios Internacionales de la misma universidad. Sus temas preferidos de Pink Floyd son “One of these days” y “Shine on you crazy diamond” (partes 1-5).

Magdalena Bas Vilizzio es Profesora Adjunta de la Universidad de la República, integrante del Sistema de Investigadores, y Doctora en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata. Sus temas preferidos de Pink Floyd son “Comfortably Numb” y “Wish you were here”.

Referencias

BLEIKER, R. (2018). Mapping visual global politics. En: BLEIKER, R. (Edit). (2018). Visual Global Politics. Nueva York: Routledge.

DEL ARENAL, C. (2009). Mundialización, creciente interdependencia y globalización en las relaciones internacionales. Cursos de Derecho Internacional de Vitoria-Gasteiz, 2008, No. 2, 181-268. Bilbao: Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco.

GARCÍA LUPIOLA, A (2020). La evolución del Rock en el contexto económico internacional (Traducción libre del euskera al español). Uztaro, No. 113, 25-49. Bilbao: Udako Euskal Unibertsitatea

SANAHUJA, J.A. (2020). COVID-19: riesgo, pandemia y crisis de gobernanza global. En: MESA, M. (Coord.) (2020). Riesgos globales y multilateralismo: el impacto de la COVID-19. Anuario CEIPAZ 2019-2020, 27–54. Madrid: CEIPAZ

SONTAG, S. (2006). Sobre la fotografía. Ciudad de México: Alfaguara.

STRANGE, S. (2001). La retirada del Estado. La difusión del poder en la economía mundial. Barcelona: Encuentro-Icaria Editorial-Intermón Oxfam.