Acuerdo Mercosur-UE: un acuerdo sin solución de controversias inversor-Estado
agosto 8, 2019
Immanuel Wallerstein (1930-2019)
septiembre 12, 2019
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Acuerdo Mercosur-UE: Un Acuerdo de dudosa conveniencia y escenarios alternativos complejos.

Por Ramiro Bertoni [*]

Esta contribución se articula con la realizada por Lincoln Bizzozero, con la cual en términos generales tengo amplias coincidencias, por lo me centraré en otras aristas de esta negociación. Si bien entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) se han anunciado el fin de las negociaciones, a los fines de este trabajo, se hará referencia indistinta a las negociaciones o al Acuerdo,

MERCOSUR: ¿de la fragmentación de posiciones frente a terceros a la unidad de acción?

La construcción del MERCOSUR en el formato de una Unión Aduanera y con un Arancel Externo Común escalonado por valor agregado, tendió a reflejar las preferencias de los países más industrializados y básicamente de Brasil. Atendiendo a las diferencias en cuanto a la estructura industrial de sus socios, se permitieron excepciones, flexibilidad que los países más chicos utilizaron básicamente para evitar subir aranceles en los bienes que no producían. Estas diferencias no se redujeron, y no se logró el objetivo de construir cadenas de valor regional que permitan simultáneamente aumentar la competitividad del bloque y cohesionar sus intereses en función de una participación distribuida en segmentos industriales. Es claro que incrementar la integración productiva hubiese requerido un conjunto de instrumentos más ambiciosos, tanto en coordinación explícita de inversiones para articular las regiones como de políticas para atenuar las asimetrías.

Ante la ausencia o insuficiencia de estas iniciativas, los intereses de Paraguay y Uruguay permanecieron o se distanciaron más aún de los de Brasil y Argentina, dado que los primeros tienen mucho que ganar y poco que perder en la negociación de Tratados de Libre Comercio (TLC) con economías desarrolladas de mayor tamaño, mientras que los segundos, ponen en juego el futuro de la producción de sus manufacturas de origen industrial (MOI). Así, más allá que se pueden identificar estas tensiones entre los gobiernos de los países miembros, una lectura alternativa es que los sectores agropecuarios y de manufacturas de origen agropecuarios (MOA) del MERCOSUR conforman una alianza con intereses ofensivos para impulsar estos Acuerdos. En la medida que estos sectores han ganado peso, económico y político en Argentina y Brasil, llegamos a la apariencia de un bloque con intereses más homogéneos y eso le permite al MERCOSUR buscar integrarse al mundo mediante TLC con socios como la UE, EFTA y Canadá[1]. La ironía es que este alineamiento o unidad de intereses se da, por un lado, como consecuencia de las limitaciones de lograr un MERCOSUR profundamente integrado, y por otro lado por la valoración de una inserción primarizada, con algunos nichos en ciertas manufacturas y servicios que podrían asociarse.

¿Un escenario de retroceso de las manufacturas industriales en Argentina y Brasil?

Como fuera señalado, los sectores de MOI de la Argentina y Brasil son los que mayor reestructuración deberán enfrentar en este Acuerdo, y no sólo por la falta de protección en sus propios mercados frente a las manufacturas europeas, sino adicionalmente, por la pérdida de acceso preferencial en los mercados de sus socios del Mercosur, hacia donde cada uno de ellos dirige la mayor proporción de las exportaciones de estos productos, y de mayor complejidad en particular[2].

En cuanto a los beneficios que se obtendrían del comercio por parte del bloque, si bien no hay datos oficiales consolidados, de un estudio de equilibrio general es claro que las ganancias de comercio  son sólo para la UE, y en cuanto al incremento de las exportaciones de Argentina y Brasil, estas se concentran en sectores primarios o de las MOA[3] (Bianco, C. 2016). En Castro, L. y Rozemberg, R. (2013), se sintetizan los resultados de diversos estudios para las ofertas del 2004 y 2006 centrados en el impacto sobre la Argentina, y en efecto para los valores promedios o de la media, tampoco se observan resultados favorables, que incluso también alcanzan a los salarios y la pobreza, aunque con leves impactos. Más allá de las diferencias en la intensidad de los efectos, estos estudios coinciden en que los productores de alimentos y de carne bovina en particular serían los ganadores de nuestro país.

Sobre las ganancias en estos sectores, algunos especialistas como el ex embajador Jorge Riaboi en distintas notas han advertido que la evolución de las normas y/o restricciones europeas en cuanto a medidas sanitarias o fitosanitarias sobre productos alimenticios –centradas en el principio precautorio-, o incluso estándares laborales y ambientales, podrían hacer que el acceso efectivo a dichos mercados se vea crecientemente dificultado a pesar de la reducción de aranceles y/o ampliación de cupos.  Incluso en los sectores en donde se han otorgado cuotas,  según se expuso en una reunión pública, en relación a un informe del CECSO,  en la mayoría de los casos las cuotas ofrecidas son inferiores a las exportaciones actualmente realizadas por el Mercosur[4]. Por su parte, el gobierno nacional señaló que se logró un manejo conjunto en la administración de las cuotas, por lo tanto, las mejoras se esperarían principalmente en los precios obtenidos por el productor al evitar los aranceles, y una apropiación local de la renta implícita de la cuota (distribuida entre exportadores o Estado), con escasos efectos en las cantidades exportadas. Por otra parte, aún no se conocen ciertos detalles respecto a su administración y las condiciones dadas a otros participantes en las mismas, podrían verse reducidas las ganancias esperadas[5].

Por otra parte, una vieja aspiración de la UE en sus políticas comerciales a nivel global es el acceso sin restricciones a las materias primas, para lo cual desde antes de las ofertas del 2004 ya solicitaba eliminar las retenciones. Este objetivo se habría cumplido en gran medida, dado que solo en un pequeño listado de productos se podrá mantener retenciones y acotadas en su magnitud, y en la gran mayoría deberán ser eliminadas de acuerdo a un cronograma. Esto prácticamente elimina la posibilidad de fomentar la agregación de valor a las materias primas locales mediante retenciones diferenciales a las exportaciones. De esta forma todos los productores de ambos bloques accederán al mismo valor de las materias primas, solo con diferencias por costos de transporte. Así, además de limitarse el desarrollo productivo, también se condiciona una herramienta macroeconómica, que permite contener el precio de los alimentos frente a bruscas devaluaciones y/o fuertes incrementos del precio internacional de estos bienes.

Por último, como señala Diana Tussie (2019), la UE mantiene su sistema de subsidios al agro –incluso lo reforzaría para atenuar el impacto a posibles “perdedores”-, lo cual además de dificultar el ingreso de ciertos productos regionales -aún en ausencia de aranceles- los excedentes estructurales podrán dirigirse hacia nuestros mercados con mayor facilidad por la liberalización comercial. En ese sentido, cabe recordar que, si bien se podrá aplicar derechos compensatorios contra subvenciones, estas son complejas, demandando una cantidad recursos públicos y privados, que hace que su utilización podrá ser puntual y limitada. Esto se puede verificar por limitada experiencia de la Argentina en la utilización de este instrumento[6].  

En relación a las MOI, en un trabajo realizado en Brasil por Ferraz L. y Thorstensen V. (2014), analizan los resultados de negociaciones de liberalización con la UE, para la Argentina y Brasil, por separado. Estos arrojan para ambos países que en todos los rubros de MOI se daría una reducción del PBI sectorial, con lo cual es difícil de interpretar la idea sobre queque plantea que algunos sectores fabriles de Brasil apoyan el Acuerdo, apostando a integrar las cadenas de valor orientadas hacia la UE.

Estos trabajos de equilibrio general son aproximaciones, dado la gran cantidad de supuestos que contienen, por lo cual, algunas miradas sectoriales podrían ilustrar mejor algunos temas[7].  Así se señala que, al existir una apertura desfasada en el mercado automotriz, con prolongada protección para el Mercosur, esto brindaría posibilidades de ampliar la escala al tener acceso a un mercado de 500 millones de habitantes con altos ingresos en promedio, y de esa manera en 15 años cuando esté totalmente abierto nuestro mercado, la industria podrá estar en condiciones competitivas[8]. Este argumento soslaya que varios países ya tienen acceso preferencial a la UE, destacándose a nivel regional México que desde el año 2003 ingresa sin pagar arancel, y en este rubro exportó en 2017 un valor que quintuplicó al de Brasil, tanto considerando lo destinado al todo el mundo como exclusivamente a la UE[9]. Si bien el comercio en este sector está organizado por las estrategias de las empresas trasnacionales y mediatizado por las reglas de origen negociadas en cada Acuerdo, estos datos brindan una primera aproximación de la dificultad que enfrentaría el socio del Mercosur con mayor escala para ganar espacio en el mercado europeo.

Es sabido que la industria automotriz atravesará en los próximos veinte años una trasformación radical hacia el auto de propulsión eléctrica y con predomino de la electrónica en a la mayoría de sus sistemas. Un escenario de apertura gradual en un sector en transición y con tanta disparidad inicial, y probablemente futura dado el apoyo a la ciencia y tecnología que existe en las potencias europeas, o parece ser el mejor escenario para un proceso de convergencia que nos permita competir.

Pensando en las consecuencias sobre la industria argentina, el principal rubro del comercio bilateral con Brasil es el automotriz, que cuenta con un régimen especial –que permite el libre comercio en la medida dentro de una banda de desequilibrios acotada-. Este mecanismo se convertiría en una discriminación negativa entre Argentina y Brasil cuando la UE tenga libre acceso a ambos mercados, por lo tanto, deberá dejar de existir, y su desmantelamiento llevaría a la paulatina radicación en Brasil de las plantas que fabriquen aquellas autopartes y automóviles en donde el MERCOSUR continúe siendo competitivo.

La actual asimetría de aranceles entre ambos bloques lleva a que ciertas observaciones del presente sean poco relevantes para entender lo que sucederá. Esto nos hace analizar con mayor cautela la afirmación del gobierno argentino señala: “El 80% de las importaciones argentinas provenientes de Europa son bienes intermedios, bienes de capital y piezas y partes de bienes de capital empleados por nuestra propia industria para producir bienes que se venden en el mercado interno o se exportan a otros destinos (por ejemplo, dos tercios de los vehículos fabricados en Argentina son exportados[10]). Solo una pequeña porción son automóviles y bienes de consumo.” Cabe señalar que el perfil de las actuales importaciones de la Argentina está relacionado a la estructura arancelaria escalonada del MERCOSUR, que coloca mayores tarifas a los bienes de mayor valor agregado brindando a estos una mayor “protección efectiva”, donde por ejemplo el arancel nominal de los autos es del 35%. Esta estructura escalonada desaparecerá cuando se llegue al libre comercio, y por lo tanto es esperable que -en condiciones normales- se incrementen proporcionalmente más las importaciones de los bienes que más reducen sus aranceles, es decir los bienes finales, lo cual contradice la idea del documento oficial citado que apunta a la mayor relevancia de importaciones de bienes intermedios respecto de los finales.

En este sentido, la UE en sus informes de difusión sobre el Acuerdo, destaca que gracias a la liberalización se podrá acceder a los mercados de bienes finales -maquinaria, autos, autopartes, productos farmacéuticos, etc.-  en donde el MERCOSUR contaba con aranceles, entre el 20% y el 35%, que hacían prohibitivo el ingreso de exportaciones europeas (UE 2019a). En este sentido, se deberá analizar en detalle también el nivel de flexibilidad de las reglas de origen acordadas -teniendo en cuenta que serían auto declarativas- y evaluar que los compromisos adquiridos en facilitación del comercio, al buscar minimizar las demoras en las transacciones, no se convierta en un debilitamiento asimétrico de los controles necesarios en nuestros países que poseen menores capacidades burocráticas y tecnológicas.

En relación a la defensa comercial aplicada a los bienes, durante el período de transición, los países/ bloques podrán aplicar una salvaguardia bilateral que durante un lapso que suspenderá el avance de las preferencias, cuando sus sectores se encuentran dañados por el incremento de importaciones con preferencias, pero no se retrasará el final de la desgravación. Tres años después del período de transición -18 años desde la entrada en vigencia- esta herramienta dejará de tener vigencia, y solo se podrá acudir a aquellos instrumentos establecidos a nivel multilateral, como el antidumping, los derechos compensatorios contra subvenciones y las salvaguardias globales -Art. XIX-.  Respecto a los dos primeros -más aún en el segundo-, por la complejidad de las investigaciones y las condiciones de índole económica y comercial a demostrarse –prácticas desleales que ocasionen daño a los productores del país importador-, la cobertura que se pueda esperar de estos es claramente limitada. Por su parte, las Salvaguardias globales, si bien podrían conferir una cobertura más amplia –aunque en general por un tiempo más limitado-, a partir de un  fallo reciente en el Órgano de Solución de Diferencias de la OMC, su aplicación podría ser cuestionada en casos  de incremento de importaciones originarias desde un país con acceso preferencial[11]. En este sentido, frente a la brecha de productividad estructural o ante desfasajes cambiarios, la batería de instrumentos de defensa comercial es claramente limitada una vez finalizado el período de transición, y es por ello que la posición inicial el Mercosur era contar con la posibilidad de salvaguardias bilaterales indefinidamente[12].

Más allá de los bienes y los temas de acceso a mercado.

En función de los resultados negativos que se señalaron en relación al comercio de bienes, tanto el gobierno de la Argentina como el BID en una Nota Técnica (2019) han ponderado las ganancias de este Acuerdo en otros dos frentes: el incremento de las inversiones y la mejora de la calidad de las regulaciones y otras políticas, al establecer compromisos en diversas áreas.

Respecto al primer ítem, se hace referencia a la experiencia de otros países que luego de firmar Acuerdos han tenido un incremento de las inversiones, sin embargo, no se aclara en qué sectores se han concentrado las mismas ni cuales fueron otras condiciones coyunturales de dichos países o de la competitividad sectorial previa que pudo generar esos impactos y no se hace referencia al empeoramiento de la balanza comercial de países de la región tras la firma de los TLC, bien sea revirtiendo los superávits o profundizando los déficits. Por su parte el BID, relaciona la mejora de las inversiones a las mejoras institucionales: “Quizás más importante aún es el impacto potencial en términos institucionales. El acuerdo brindará certidumbre legal y mejorará el clima de negocios, aumentando el atractivo de los países miembros del MERCOSUR como destino para la IED”. Este optimismo sobre las inversiones recuerda la idea, ya esgrimida en la Argentina, de que el cambio hacia un gobierno con mayor calidad institucional y seguridad jurídica –sumado a insertar al país en el mundo-, traería un boom de inversiones. Es claro que en tiempos recientes dicha premisa fue muy optimista.

Si bien en un tema sensible como es la propiedad intelectual -según lo informado por el gobierno argentino-, no se han realizado nuevos compromisos de todas formas, una vigilancia más estricta enmarcada en la solución de diferencias de este Acuerdo podría restringir ciertas flexibilidades que se aplican de hecho en el funcionamiento de los sectores intensivos en conocimiento[13]. Respecto al resto de las disciplinas que no regulan el acceso al mercado de bienes –servicios, compras públicas, empresas estatales, competencia, etc.-, en donde sí existen compromisos que modifican los marcos regulatorios actuales, se debe tener en claro que en todos ellos fue la UE quien tenía un interés ofensivo, por lo tanto, resta un análisis pormenorizado a fin de cuantificar las implicancias de la pérdida de espacio de políticas en dichas áreas.

Contrariamente, en la Nota Técnica del BID (2019), estos compromisos se presentan como un avance hacia las mejores prácticas, que contribuyen al desarrollo productivo. Así, el BID 2019 expresa: “En temas no arancelarios, se incorporan disposiciones sobre medidas sanitarias y fitosanitarias y obstáculos técnicos para dar mayor previsibilidad y transparencia   ……   compras gubernamentales, compromisos generales sobre comercio electrónico, propiedad intelectual, desarrollo sustentable, entre otros”. En contraste, la CEPAL, en un informe sobre Mercosur, señala “…se requiere un análisis cuidadoso de las restricciones que podría plantear el acuerdo con la Unión Europea en materia de compras públicas, propiedad intelectual, y otros instrumentos de política industrial y tecnológica” (CEPAL, 2019). Esta preocupación está en línea las advertencias acerca de los posibles efectos en el espacio de políticas de los compromisos en disciplinas que van más allá de lo acordado en la OMC, o incluso en temas no tratados en dicho ámbito, tal como sucede en la mayoría de los TLC Norte-Sur (OXFAM, 2006, y CEPAL, 2013).

En relación la mejora de la inserción en las CGV que permitiría este Acuerdo, cabe señalar que gran parte de la literatura señala que estas posibilidades dependerán en gran medida de sus formas de gobernanza  -si la lideran productores o compradores, o los incentivos a transferir actividades o tecnologías), y de la implementación de políticas públicas en el marco de un sistema nacional de innovación que permita que las empresas incrementar sus capacidades de innovación de articulación en sistemas productivos complejos. En este sentido, si varios compromisos del Acuerdo terminan limitando aspectos de las políticas públicas activas de apoyo a las políticas productivas, también limitarán una integración virtuosa en estas CGV, y más aún si en Argentina y Brasil continúan en el mediano plazo gobiernos que realizan recortes a los presupuestos destinados a las áreas de ciencia y tecnología.

¿Prioridades políticas de corto plazo con costos a largo plazo o un nuevo balance de fuerzas?

Bizzozero en su colaboración explica con claridad como las necesidades políticas a ambos lados el Atlántico, en un contexto internacional con declinación del multilateralismo, han sido claves para que se concluyan las negociaciones después de más de 20 años de iniciadas. Dado el rol clave de Brasil, sin duda el proceso que derivó en la destitución de Dilma Rousseff y proscribió a Lula y finalizando con el ascenso al poder de Jair Bolsonaro, constituye la bisagra de esta historia. Más allá que se ha dado un alineamiento en temas de política comercial con la Argentina, en el sentido de acelerar un proceso de apertura del MERCOSUR mediante TLC con otros países o bloques fuera de la región, incluso sin este consenso, la posición del socio mayor del MERCOSUR de todos modos sería determinante. Incluso en esta convergencia en temas de inserción con consecuencia a largo plazo, las urgencias políticas de ambos gobiernos llevaron a que fue el MERCOSUR quien ha realizado las mayores concesiones, con lo cual el desbalance de lo acordado dificultará encontrar resultados positivos incluso desde las miradas más optimistas.

Sin duda, los gobiernos en funciones hasta 2015 en Argentina y Brasil exigían que se brinde mayores ventajas para el Mercosur, y en este contexto no estaban dispuestos a otorgar ciertas concesiones en el comercio de bienes –por ejemplo, limitar las retenciones o el plazo de vigencia de salvaguardias bilaterales-, o en otras áreas – como ser compras públicas, servicios, empresas del Estado, etc.-. Sin embargo, esto plantea una pregunta difícil de responder: ¿Manteniendo las posiciones que en esencia reclamaban el reconocimiento para el MERCOSUR de un trato diferenciado y favorable por su menor desarrollo había posibilidad de lograr un Acuerdo?

Si la respuesta es que había posibilidad de acordar manteniendo la mayoría de las pretensiones del Mercosur, entones sin duda este es el peor Acuerdo. Por el contrario, quien sostenga que mantener las posiciones anteriores llevaba a un conjunto vacío, caben dos posibilidades:  o escoger el camino de realizar ciertas concesiones para arribar a un Acuerdo -que podrían haber sido menores a las realizadas si no hubiesen gravitado las urgencias políticas-, u optar por la idea de que es mejor no tener un Acuerdo que haber firmado un mal Acuerdo.

Sin embargo, cuando Bolsonaro envía la señal que este Acuerdo lo firmaría Brasil con Mercosur o de modo bilateral, el tablero cambia radicalmente, y esta compleja situación incluso se proyecta a un escenario en el cual cambie de signo el gobierno de la Argentina, y que la nueva composición del congreso se oponga a las negociaciones ya concluidas. Un escenario alternativo, sería que alguno de los parlamentos de los miembros de la UE rechace el Acuerdo. Al extenderse los horizontes de las decisiones, no deberían descartarse cambios políticos en Brasil, pero de todas formas el MERCOSUR debe resolver su estrategia de inserción, y la discusión sobre la firma de TLC con países desarrollados seguiría sobre la mesa.

[*] Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes, integrante del Grupo de Integración y Unidad Latinoamericana de CLACSO y del IADE, y docente de la Universidades de Buenos Aires, Moreno, Tres de Febrero, San Martín y Di Tella.

Bibliografía

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BID (2019) “Acuerdo Mercosur – Unión Europea” Nota Técnica Nº IDB-TN-01701. Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe Sector de Integración y Comercio. Banco Interamericano de Desarrollo. Autores Azevedo, B.; Angelis, J.; Michalczewsky, K.; y Toscani, V.

Castro, L. y Rozemberg, R. (2013), “Una evaluación preliminar de los posibles efectos de un tratado de libre comercio Unión Europea MERCOSUR para las provincias argentinas” CIPPEC, Documento de Trabajo N°108 agosto

CEPAL (2013) “Panorama de la Inserción Internacional de América Latina y el Caribe” Capítulo II. Mega Acuerdos

CEPAL 2019 “Boletín de comercio exterior del MERCOSUR”. –Resumen- Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Santiago.

Documento Oficial (2019) “Acuerdo de Asociación Estratégica Mercosur– UE”, Resumen informativo elaborado por el Gobierno Argentino, Julio.

Ferraz L. y ThorstensenV. (2014) “Brasil y Argentina: Escenarios para Acuerdos Comerciales Preferenciales” en 1º Seminário do Boletín Informativo Techint no Brasil: Os mega-acordos de comércioe o futuro do Mercosul. Boletín Informativo Techint.

Gobierno argentino (2019) “Acuerdo de asociación estratégica MERCOSUR-UE”.

Ministerio de Producción y Trabajo (2019)“Acuerdo de asociación estratégica MERCOSUR-UE”.

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Mondino, L. y Rampinini, A. (2019) “Acuerdo Mercosur – Unión Europea. Inter-regionalismo del Siglo XXI”, Informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO). –a publicarse-.

Oxfam Internacional (2006), “Cantos de Sirena. ¿Por qué los TLC’s de Estados Unidos con los países andinos socavan el desarrollo sostenible y la inte­gración regional?”, Oxfam Briefing Paper N° 90, Washington.

Porta, F. y Bianco, C. (2004) “Perspectivas de las pymes exportadoras argentinas en un escenario ALCA, en Revista de Comercio Exterior e Integración, Nº 1 Centro de Estudios Internacionales, Argentina 

UE TRADOC (2019) “EU-MERCOSUR Trade Agreement”.
http://trade.ec.europa.eu/doclib/docs/2019/june/tradoc_157954.pdf  

Notas periodísticas:

Mira P. y Ramos P. (2019) “Cuotas e imprecisiones no neutrales para el comercio y el bienestar” https://www.eleconomista.com.ar/2019-07-cuotas-e-imprecisiones-no-neutrales-para-el-comercio-y-el-bienestar/ 

Riaboi, B. (2019) “El Mercosur acatara las reglas agro-proteccionistas de la UE” https://www.eleconomista.com.ar/2019-07-el-mercosur-acatara-las-reglas-agroproteccionistas-de-la-ue/

Tussie D. (2019), “Los costos que deben ser atendidos” Diario Perfil, 7 de julio. https://www.pressreader.com/argentina/perfil-domingo/20190707/281921659606609


[1] Como desarrolla Bizzozero, los cambios en el tablero internacional en relación al proteccionismo y la erosión del multilateralismo, también ha modificado las prioridades y agendas a ambos lados del Atlántico, lo cual reforzó los rumbos elegidos por los actuales gobiernos de Argentina y Brasil.

[2] En Castro, L. y Rozemberg, R. (2013) se hace referencia a que analizando los estudios de impacto no hay coincidencia en este efecto, cuando el mismo es una consecuencia elemental de una pérdida de preferencias. A lo sumo, una visión neoclásica señalaría que se revierte el desvió inicial que generó la formación del MERCOSUR, pero no negaría la pedida de participación entre los socios del sur.

[3] Llama la atención que el ministerio de producción en julio de 2019 difunde datos del crecimiento de exportaciones por provincia, basado en un modelo de equilibrio general, pero no muestra los resultados globales, es decir el aumento de importaciones desde la UE y a la pérdida de mercado en Brasil.

[4] Exposición de la Mg. Anahi Rampinini el 3 de julio, en el cual hace referencia al trabajo realizado para CECSO (2019), en coautoría con el Mg. Lisandro Mondino –pendiente de publicación-.

[5] Esto se expone y analiza con cierto detalle en una nota publicada por Pablo Mira y Priscila Ramos. 

[6] Las únicas investigaciones por subvenciones realizadas por la Argentina -en torno al año 2000-  fue contra productos europeos favorecidos por la Política Agrícola Común que afectaban principalmente economías regionales: duraznos enlatados y aceite de oliva, y por otra parte gluten de trigo, incluso en momentos que se contaba con aranceles a la importación.

[7] En este sentido, también la sensibilidad de los sectores donde predominan empresas PyMES con mayores dificultades para competir puede alertar sobre problemas que los modelos de equilibrio general subestima, tal como se puede observar en el trabajo realizado pro Porta, F. y Bianco, C. (2004), en relación a los realizados por la cancillería en el año 2003.

[8] BID 2019 “El acuerdo contempla las asimetrías entre los países del bloque especialmente a partir de un esquema de liberalización gradual, sobre todo de los sectores más vulnerables del MERCOSUR, con hasta 15 años de plazo para la eliminación total de aranceles. Estos tiempos otorgan un período clave para que los complejos productivos del MERCOSUR puedan adaptarse a las nuevas reglas y hacer frente a la mayor competencia externa.”

[9] Es evidente que estas cifras se relacionan con que México desde hace más de veinte años ingresa sin arancel a EE.UU. y desde 2003 la UE, pero teniendo ambos destinos aranceles extrazona bajos, indicaría una mayor competitividad respecto a Brasil, quien ha destinado el 42% de sus exportaciones a la Argentina, donde el derecho de importación extrazona es del 35%.

[10] Esta llamada es realizada por el autor sobre cita textual. Cabe mencionar que si bien se quiere dar una idea de que se aumentará la competitividad vía la compra de insumos potenciando sectores con alto coeficiente de exportación, lo cierto es que las exportaciones de autos en más de un 60% se dirigen hacia Brasil aprovechando al alta preferencia del Arancel Externo Común, que desaparecerá con el Acuerdo, lo cual tendrá una incidencia muy superior sobre la competitividad relativa que la reducción de costos por la quita de aranceles a los insumos (que además de ser menores, solo inciden parcialmente en los costos).

[11] En una disputa de 2017 entre Indonesia y Vietnam, el Órgano de Apelación de la OMC indicó que, si el daño es consecuencia de las preferencias dadas en un acuerdo regional, no se puede aplicar una salvaguardia global, reservando las mismas a los daños sufridos por el incremento de importaciones en el marco de concesiones otorgadas a nivel multilateral.

[12] De alguna forma se replica el error de la experiencia intra MERCOSUR, pero con disparidades aún más extremas. En efecto, en ambos casos la aplicación de salvaguardias bilaterales no se permite al finalizar la desgravación preferencial. Si bien en el MERCOSUR, a diferencia del presente Acuerdo entre bloques, tampoco se podían aplicar Salvaguardias Globales, por lo señalado sobre la jurisprudencia de la OMC, esto no constituye una diferencia relevante. Recordemos que, en el MERCOSUR al no contar con salvaguardias bilaterales tras el período de transición, ante ciertos desequilibrios, sus principales socios optaron por aplicar trabas comerciales unilaterales, que en cierto modo políticamente fueron toleradas, y no judicializadas.

[13] Esta idea se aplica a diversas áreas en las cuales ciertos parámetros o normas se mantengan en línea a lo ya negociado en la OMC, puesto que al estar debilitada su capacidad de arbitraje, el ámbito de Solución de Diferencias de este Acuerdo podrá operar como sustituto cuando se afecten intereses europeos.


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